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Flamengo 2019: la noche en que el fútbol brasileño volvió a creer

La Libertadores de 2019 del Flamengo fue más que un título: fue la resurrección de una idea. Que el fútbol brasileño puede volver a dominar el continente con talento propio y sin necesitar exportar todo a Europa.

Ezequiel L.·viernes, 22 de mayo de 2026·3 min read · 539 palabras
Flamengo 2019: la noche en que el fútbol brasileño volvió a creer

El 23 de noviembre de 2019, en el Estadio Monumental de Lima, el Flamengo remontó un 1-0 en contra ante el River Plate de Marcelo Gallardo en los últimos tres minutos para ganar la Copa Libertadores 2-1. Gabriel Barbosa "Gabigol" marcó los dos goles en el 89 y el 92. Era la segunda Libertadores del Flamengo en su historia, la primera desde 1981. Pero lo que hizo que Lima 2019 tuviera una dimensión especial fue lo que representó para el fútbol brasileño.

El contexto: una crisis de identidad

Durante la década del 2010, el fútbol brasileño vivió una crisis existencial. La selección brasileña había sido humillada 7-1 por Alemania en su propio Mundial en 2014. Los clubes brasileños llevaban años sin ganar la Libertadores —la última había sido el Corinthians en 2012. Los mejores talentos —Neymar, Coutinho, Firmino, Gabriel Jesus— emigraban a Europa a los 18 años sin dejar rastro en el fútbol local.

La narrativa dominante era que el fútbol brasileño había perdido su ventaja táctica y técnica. Los equipos europeos entrenaban mejor, pensaban mejor, gastaban mejor. Brasil era un semillero de talento que otros cosechaban.

Jorge Jesus y la revolución táctica

Jorge Jesus llegó al Flamengo en junio de 2019 desde el Sporting de Lisboa. Era el primer gran técnico europeo en dirigir un club brasileño de élite, y su impacto fue inmediato y violento. En seis meses, Jesus implementó un pressing alto, una defensa de alta línea y un juego de posesión con transiciones rápidas que el fútbol brasileño no había visto en décadas.

El Flamengo de Jesus no era solo técnicamente superior a sus rivales brasileños: era tácticamente una generación adelante. La diferencia fue tan notoria que abrió un debate doloroso en Brasil: ¿por qué un técnico portugués de 65 años tuvo que venir a enseñarles a los brasileños cómo jugar al fútbol?

Gabigol y la épica de Lima

El partido contra River fue un ejercicio en resistencia emocional. River dominó durante 89 minutos con la estructura táctica que había hecho campeona al equipo de Gallardo en 2018. El Flamengo estaba perdiendo y la historia parecía repetirse: Brasil dominado por el fútbol argentino, que sí había mantenido sus clubes competitivos en el continente.

Y entonces Gabigol. Primero empató. Luego, en el tiempo de descuento, metió el gol que hizo delirar a los millones de hinchas del Mengão en todo Brasil. No fue solo un gol en el minuto 92: fue el símbolo de algo que el fútbol brasileño necesitaba urgentemente, que era demostrar que podía competir y ganar en el más alto nivel.

El legado de 2019

El Flamengo siguió siendo el equipo más poderoso de Brasil en los años siguientes, ganando otra Libertadores en 2022 y dominando el Brasileirão. Pero más importante fue el efecto en la industria: otros grandes clubes brasileños comenzaron a invertir en infraestructura táctica, en categorías de base más profesionales, en cuerpos técnicos mejor pagados.

Lima 2019 no resolvió los problemas estructurales del fútbol brasileño. La sangría de talentos hacia Europa continúa. La infraestructura de los estadios sigue siendo deficiente en comparación con los grandes clubes europeos. Pero demostró que el fútbol brasileño no había muerto: solo estaba dormido y necesitaba que alguien llegara de afuera para recordarle cómo despertarse.

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